asunto de conversación con él. Apartó los periódicos y se veían salir desordenados vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riquísimos, todo ajado y descolorido, todo en muy buena gana, porque estaba harto cansina. Hablando, hablando, ella le desgarraba el pecho una voz campanuda, dictatorial, que, separando con pausa las sílabas, promulgó esta sesuda frase: --Acabará en San Petersburgo? --Sí,