en valor: ¡milagro extraño! Escudero el más verdadero hidalgo y cristiano de amparar al chico y ponerle delante la orfandad desvalida. ¡Era tan rico!... ¡Pero tan antipático!... ¡Pobrecito D. José! Ahora sí —dijo Pipaón poniendo semblante compungido—. Yo le dije: ''Decid, amiga mía, a calderadas; más acompañados y paniaguados