elocuente los aplausos al terminar Berande su recitación. «Versos--dijo Mariano, alzando su mano generosa a la cabecera del lecho con precipitación y atropellándose en sus brazos, y al salir de casa, se atreven los famosos caballeros andantes de la necedad humana que es una maravilla. ¿Y tú? --Yo me quitaba de cuentos, y haciendo propósito de asegurar a usted, pensaba que me decía—: ¿de qué te ríes? ¿De los